Convivir con el misterio

Nuestro entendimiento alcanza lo que alcanza. Podemos desarrollarlo, podemos leer o escuchar lo alcanzado por otros, pero siempre habrá algo más allá. La incertidumbre, el no saber (por mucho que queramos saber), lo inalcanzable. ¿Cómo convivimos con esta incertidumbre? ¿Sabemos sobrellevarla? ¿La tratamos con alegría?, pues siempre es bueno (o, al menos, no necesariamente malo), siempre es bueno saber que hay lo desconocido detrás del horizonte. El deleite de la exploración, el disfrute del camino. Y lo más desconocido todavía más allá, al final del camino… y todavía más allá. Siempre más allá, lo que nos mantiene en esto que llamamos el vivir.

¿Cómo convivimos con el misterio? Se me ocurren tres maneras. Negándolo (incredulidad, ateísmo), averiguándolo o tratando de averiguarlo (cientificismo) o deleitándose en él (misticismo).

La primera de ellas, la negación del misterio. Como no alcanzo a entender algo, no hay algo. Como no comprendo todo, no hay todo, me quedo en esta parte. Porque estoy suponiendo, desde la soberbia, que el hombre todo lo alcanza, y si no lo alcanza es porque no hay lo inalcanzable. Negamos la incertidumbre, el misterio, la posibilidad del no saber. Nos quedamos dentro de nuestro círculo, en nuestro terreno. Y que no nos muevan, por si caemos en un terreno nuevo al que habría de hacerse… Uf, qué pereza o qué miedo, ese acostumbramiento. La negación guiada por el miedo.

La segunda actitud ante el misterio o el no saber, sería el cientificismo. Aquí estamos, es lo que hay, ahora toca sobrevivir. Conozcamos el entorno para desarrollar los medios de supervivencia (las técnicas): comer y no ser comidos. La economía y la defensa. El hacha de piedra y todas las ingenierías que vendrán luego. El arco y la flecha, la trayectoria del proyectil, lo nuclear. Un poco todo eso. Las técnicas que van haciendo las ciencias. Conocemos y exploramos. La actitud científica, positiva. Pero, ay, es que hay cosas que no sabemos ni sabremos… ¿Es acaso posible conocer el mundo desde dentro del mundo?

Y la tercera de las actitudes sería la mística. El  ‘quedeme no sabiendo, toda ciencia trascendiendo’, que decía San Juan de la Cruz. El ‘déjate entrar y permanecer en la nube del no-saber’, que decía un texto inglés del siglo XIV. El hombre ya no es soberbio, sabe que la ciencia y el conocimiento de ella derivado le lleva hasta cierto punto. Pero hay lo desconocido y siempre lo habrá. ¿Qué actitud tenemos ante él, cómo convivimos con el misterio o la incertidumbre? Con deleite, sin desesperación. Sin desesperación por no haberlo alcanzado todavía, en este aquí y este ahora, por no haber alcanzado ese estado pleno de felicidad cuya búsqueda parace que nos guía. Del ‘muero porque no muero’, de Santa Teresa, al ‘quedeme y olvideme’, de San Juan de la Cruz. Ante la incertidumbre, calma y buenos alimentos. Abandono y goce pleno.

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