El litio del demonio

A lo largo de la historia, el hombre ha perseguido los metales con empecinamiento, pues ¿quién no ha necesitado nunca mejores espadas?

Los fenicios llegaron a Iberia en busca de estaño, por ejemplo, que cambiaban por sus productos. Y luego se buscaron nuevos caminos fuera del Mediterráneo, hacia Inglaterra, en busca de más estaño todavía. De la aleación del estaño con el cobre se obtenía el bronce; para el logro de las mejores espadas, como decimos. Se buscaba con el estaño ese salto tecnológico que diera la ventaja decisiva en las siguientes batallas de la historia.

Y quien dice estaño dice oro y plata, otros metales, distintos y más valiosos, que hacían de monedas y que resultaban cada vez más decisivos en el financiamiento de las guerras, pues había que pagar a los soldados, esa antigua costumbre. Aún no había llegado Napoleón para levantar al pueblo en armas de forma gratuita; las levas masivas y nacionales que se han ido poniendo de moda en las últimas guerras. (Se dice que el Estado moderno se ha inventado para evitar pagar a los soldados.) Pues entre que llegaba y no llegaba esa gratuidad de los soldados, se requería de oro y de plata para pagar las guerras y, a ser posible, ganarlas.

En la revolución industrial estaba el carbón y ahora está el petróleo, que ninguno son metales, pero sirven para reforzar la idea de que siempre se ha ido rascando en el subsuelo.

¿Y que se rascará mañana en el subsuelo? Pues litio, que ya ha empezado a rascarse, de hecho. Litio para la batería del teléfono móvil con el que quizás leas esto. Y litio también, en cantidades muchos mayores, para las baterías de los coches eléctricos que salvarán sigilosamente el planeta, según se dice. ¿Y dónde se encuentra el litio del demonio? Pues no está en Iberia ni en Inglaterra, como estaba el estaño. Tampoco en el País de Gales, como el carbón de la revolución industrial; ni en Oriente Medio, Rusia o Venezuela, como el petróleo de ahora. Las minas de litio se encuentran en muy pocos lugares del mundo. En Australia, en Bolivia y en Chile, básicamente. Es un metal muy escaso y muy concentrado, sobre el que se lanzan con avidez o necesidad los dos principales contendientes de este momento de la historia, los dos imperios, el naciente y el poniente, es decir, China y USA. Una rivalidad que va derribando sus gobiernos por el camino, claro, para afiliarlos a sus intereses. Así en Chile o en Bolivia, recientemente. Y los pueblos, con la ilusión de estar haciendo sus pequeñas revoluciones, pensando que se mueven por altos ideales, se encuentran mirando al cielo. Mejor que mirasen al subsuelo, donde laten las bajas pasiones y el litio.

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